
El suicidio es un problema social multifactorial y de salud integral. No puede ser reducido a una sola causa, va más allá de la dimensión individual, y es recomendable abordarlo desde una perspectiva integral que incluya lo social y lo colectivo.
Es importante enmarcar el tema bajo la categoría “salud pública” y no bajo “policiales”. El intento y el suicidio no son delitos y deben desvincularse del enfoque policial que criminaliza y estigmatiza a la persona y a su entorno.
La reproducción de un intento de suicidio genera un impacto sensible, en el entorno familiar y afectivo de la persona, y en la comunidad en general.
Es conveniente no acentuar el dramatismo que implica la situación que se comunica, porque eso puede agravar la situación de vulnerabilidad y riesgo del entorno. No es recomendable captar la atención del público a partir del impacto.
Frente a este problema social y de salud integral, el rol de los medios y de quienes trabajamos en los distintos espacios de comunicación (comunitaria, regional, y nacional) se vuelve fundamental.
Se requieren coberturas que refuercen el tratamiento preventivo y la difusión de información relevante para la ciudadanía.
Por lo tanto, se sugiere evitar la difusión de hipótesis y análisis personales sobre los hechos y las causas que pudieron derivar en un suicidio o en su intento. Además de analizar o determinar las causas, condiciones, o motivaciones que pueden llevar a una persona al suicidio, o al intento, es tan complejo e inabarcable, que sólo un equipo interdisciplinario, vinculado a la persona y su contexto, puede intentar hacerlo.
Recordamos que se encuentra vigente el 0800 999 0091, una línea telefónica nacional y gratuita para la orientación y apoyo en la urgencia de salud mental, disponible todo el año las 24 horas. Asimismo, ante un evento que implique riesgo de vida inminente, se encuentra habilitado el 107.